Ernesto Rafael Borges[1]
El lanzamiento de un libro es siempre una jornada de celebración, pero también de encuentro: un momento en el que las palabras que han habitado en soledad el escritorio del autor salen al mundo para encontrar sus primeros cómplices: los lectores.
El título de este libro es A luz do céu profundo.
Y me quedé pensando: ¿qué es esa luz? Conociendo la trayectoria de Marlon Aseff,
sus trabajos anteriores y sus temas de interés, entiendo que tal vez sea la
memoria que se niega a apagarse. Tal vez sea la esperanza de quienes
atravesaron fronteras —no solo geográficas, sino políticas y existenciales— en
busca de un lugar seguro.
Quien mejor para guiarnos por esa luz que alguien que ha
dedicado muchos años de su vida a iluminar las historias que quedaron en las
sombras.
El autor: trayectoria y mirada
Marlon no es un escritor de escritorio. Es historiador,
periodista y documentalista. Ha ido al campo, al territorio, a los lugares de
los hechos. Ha escuchado voces, ha investigado archivos. Y, sobre todo, se ha
sumergido en la memoria de la frontera entre Brasil y Uruguay, una región que,
durante las dictaduras, fue escenario de exilios, solidaridad y resistencia.
Sus trabajos anteriores, como Retratos do Exilio y No
portão da fábrica, ya nos mostraron cómo allí se construyó una verdadera
cultura política de frontera, con lazos de amistad y militancia que unían
familias de ambos lados.
Y ahora, con A luz do céu profundo, el autor
da un paso más: la incursión en la ficción. Pero, como él mismo ha dicho,
muchas de sus páginas están basadas en hechos y personajes reales, fruto de más
de veinte años de investigación.
La trama…
La novela nos cuenta la historia de Luiz Carlos, un
profesor negro que vive en Florianópolis en vísperas del impeachment contra
Dilma Rousseff. Sumido en una crisis depresiva, encuentra una carta escrita por
un viejo amigo comunista, "Doutor Ernesto". Y esa carta lo lanza a un
túnel de recuerdos: los años en que la escalada dictatorial los obligó a huir
hacia la frontera, buscando un exilio incierto en una playa uruguaya.
El exilio, nos dice Marlon, nunca fue un refugio seguro.
Y la vigilancia en esta frontera involucraba a todos, mucho antes de que se
comprendiera la verdadera dimensión de los aparatos represivos que atravesaban
países enteros.
Contextualización
Este libro no solo habla de la huida política en un
momento de oscuridad en Latinoamérica. Habla de cómo eso se transformó, poco a
poco, en una travesía de transformación moral y existencial para sus
personajes.
Marlon ha escrito sobre dictadura, sobre memoria, sobre
quienes lucharon y resistieron. Pero esta obra parece tener una capa más: una
que nos invita a mirar hacia arriba, incluso cuando el suelo parece hundirse.
Y advierto: no busquen en estas líneas una escritura
neutral, descomprometida, desapasionada. Recuerdo que hace mucho tiempo leí en
un trabajo de la historiadora uruguaya Marisa Silva Shultze la siguiente
afirmación: "(…) nadie escribe desde un no lugar, y no hay
enunciado posible que no cargue con la compleja y opaca historia de quien lo
enuncia".
Ella niega que exista una posición de absoluta
imparcialidad. Quien escribe —especialmente el historiador— siempre lo hace
desde un contexto social, político, cultural y personal. La pretendida
"neutralidad" es un mito. Reconocer el lugar de enunciación implica
asumir la responsabilidad de ese posicionamiento. La escritura no es un acto
inocente; es un ejercicio de poder y de memoria, especialmente relevante en
contextos de conflictos históricos o dictaduras.
Fragmento sobre: exilio, frontera, memoria y solidaridad…
O caminhão não parou ao cruzar o que em mapas seria a
linha divisória. Não houve gesto simbólico, nem interrupção, apenas
continuidade. E, no entanto, algo havia sido atravessado – ainda que nenhum dos
dois soubesse nomear com precisão o quê. Quando finalmente chegaram às duas
cidades gêmeas da fronteira, a manhã ainda não havia se anunciado por completo.
A luz era difusa, filtrada por uma camada espessa de
bruma que envolvia tudo. As formas não se definiam completamente. Casebres,
postes, árvores, tudo parecia levemente deslocado. O caminhão reduziu a
velocidade. O motor foi desligado. Por alguns instantes, o silêncio. Luiz
Carlos desceu primeiro; o chão parecia instável. Ernesto veio logo atrás. A
praça surgia vazia àquela hora. O grande marco que dividia os países erguia-se
como uma presença discreta, mas incontornável. Sentaram-se em um banco antigo,
a madeira desgastada pelo tempo e pelo uso.
Por um bom tempo não fizeram nada, apenas
permaneceram. Luiz Carlos olhava para o marco, tentando encontrar nele algum
tipo de resposta. Mas o que via era apenas um objeto – concreto, fixo,
indiferente. A divisão que ele representava parecia mais clara no papel do que
ali, onde o ar, a luz e o silêncio não obedeciam ao limite do território.
Ernesto, cansado, mantinha o olhar baixo, as mãos apoiadas sobre os joelhos.
Respirava com certa dificuldade; havia algo em sua postura que denunciava um
tipo de recolhimento, tudo o que havia sido atravessado até ali. (pág.
40-41)
Ese instante de silencio en la frontera, esa luz difusa
que no distingue países, es la materia prima con la que el autor teje su
relato.
El oficio del autor
Conocer el trabajo de Marlon es comprender que la
historia no se escribe únicamente con fechas ni documentos, sino con personas
de carne y hueso, atravesadas por el miedo y el coraje. Él posee la mirada del
historiador, pero escribe con la sensibilidad de quien sabe que cada vida
merece ser recordada.
No es casualidad que también sea documentalista. Sus
documentales rescatan experiencias y voces que la historia oficial quiso
borrar. Y esa misma mirada atenta —la que indaga en los márgenes, en las
fisuras del relato dominante— es la que, estoy seguro, también atraviesa este
libro. Porque su trabajo no es solo registro: es escucha activa, restitución de
la palabra a quienes fueron silenciados. Y en esa escucha, la memoria se hace justicia.
Para cerrar esta intervención, quisiera poner en diálogo
esta última reflexión con un fragmento de Pedagogía de la esperanza: un
reencuentro con la Pedagogía del oprimido, de Paulo Freire:
"É preciso ter esperança, mas esperança do verbo
esperançar; porque tem gente que tem esperança do verbo esperar. E esperança do
verbo esperar não é esperança, é espera. Esperançar é se levantar, esperançar é
ir atrás, esperançar é construir, esperançar é não desistir! Esperançar é levar
adiante, esperançar é juntar-se com outros para fazer de outro modo."
Y esa es, precisamente, la apuesta de esta obra: no una
espera pasiva, sino un acto de construcción compartida. Una luz que no alumbra
para adormecer, sino para despertar conciencias, para remover lo enterrado,
para disputar el relato contra quienes pretenden imponer el olvido como
destino.
Marlon escribe contra la corriente, contra el tiempo que
todo lo borra, contra la política del miedo y la desmemoria.
Porque leer A luz
do céu profundo no es solo asomarse a la historia; es comprender que la
luz, a veces, solo se revela cuando nos atrevemos a mirar desde el margen.
